Estalló Globolandia // Por Miguel Angel De Renzis
El gobierno del cotillón y los globos, con el pomposo nombre de Cambiemos, puso la vara muy alta sobre que venían a luchar contra la corrupción kirchnerista, las mafias sindicales, la inflación y la burocracia.
Y convencieron a gran parte de la sociedad que pensó que había que terminar con todo esto.
Así le prestaron votos a la gobernadora María Eugenia Vidal que, con su triunfo, puso de presidente a Mauricio Macri.
Nadie se acuerda que el vicegobernador de la provincia, radical de la Primera Sección Electoral, Daniel Salvador, junto con Marcos Peña, el jefe de gabinete, asumen responsabilidad directa, el primero como presidente del Comité Provincia y el segundo como coordinador de la campaña nacional, del gran blanqueo de plata negra que financió la campaña de Cambiemos.
El comité de campaña en Buenos Aires tuvo como responsables económicos a Carla Chaban, del PRO, y a Alfredo Irigoin de la UCR. Y también a María Eugenia Vidal como responsable del PRO en la provincia.
Ya en el 2015 el amigo del alma de Mauricio, Nicolás Caputo, y Edgardo Senzón fueron los recaudadores a nivel nacional, mientras que el primo del presidente, intendente de Vicente López y presidente del BAPRO, Jorge Macri, junto con el hoy vicejefe del Gobierno de la Ciudad, Diego Santilli, fueron responsables económicos de la provincia de Buenos Aires.
Tanto en aquella época como en las sucesivas se utilizaron datos de personas de bajos recursos sacadas del padrón del ANSES y completadas con los candidatos de las listas distritales, como imaginarios aportantes de quienes venían a cambiar la corrupción.
La lavandería de Cambiemos uso las cuentas off shore y el aporte de las empresas de donde llegaron los ministros de la ceocracia, que financiaron a Macri y a Vidal para que lleguen al gobierno y a la denunciante Graciela Ocaña, y a Esteban Bullrich y Gladys Gonzalez, por ejemplo, para que en la del medio tiempo ellos llegaran a una banca del Parlamento.
En el caso de Gladys Gonzalez también hay denuncias de su participación en la intervención del SOMU y el manejo de la Obra Social, para financiar la actividad política de Cambiemos.
Ante el escándalo de la truchada los voceros que defienden al liberalismo salieron a publicar viejas notas de archivo demostrando que el kirchnerismo también había sido financiado por Antonini Wilson y su valija, y los famosos cheques de la efedrina.
Como no les alcanzó, en TN mostraron una falsificación en Entre Ríos de sectores del justicialismo.
Y La Nación agrega al Frente Renovador con aportantes de Tigre, municipio que condujera Sergio Massa en la campaña presidencial del ex diputado.
Quieren demostrar a la sociedad que estamos en un chiquero y que todos somos sucios.
Porque después del fracaso, más allá de algunos sindicalistas acusados, aparece la mafia de la ceocracia del “mejor gabinete de los últimos 50 años”, terribles evasores fiscales con cuentas off shore.
La del propio Nicolás Dujovne, el ministro de Hacienda y Finanzas, que afirma y reafirma ante el Fondo Monetario, que se cumplirán las metas de los tarifazos y la recesión, vive en una propiedad que tiene declarada como terreno baldío para pagar menos impuestos a la Ciudad.
El mismo Macri, que en la campaña decía que manejar la inflación era una cosa muy simple, y llevó a la Argentina a firmar deuda a 100 años, juró como presidente, procesado.
Hablando del Fondo Monetario y el G20 es interesante dejar asentado el poco compromiso de la sociedad en la protesta organizada por los movimientos sociales y los partidos de izquierda. En la movilización del viernes, una que se realizó a las 17, organizada por el CTEP, y en la participaron Barrios de Pie, el Movimiento Evita, la Cámpora, Nuevo Encuentro, ATE, Patria Grande, Libres del Sur y La Bancaria, entregaron una carta en el Banco Central dirigida a Cristina Lagarde, con más de 400 firmas, convocaron menos de 1000 personas.
Y la del sábado entre el Partido Obrero y el MST no llegaron a 700.
Esto demuestra, más allá de las cuestiones climáticas que influyeron, que la sociedad está enojada con el gobierno más que con el Fondo y el G20.
Esto le permitió al gobierno de los globos una sonrisa porque temían por una multitud que complicaran las reuniones.
Esto no pasó.
Acá resurge la frase de Perón, “mejor que decir es hacer y mejor que prometer, es realizar”.
El único impacto que Cristina Lagarde acusó fue el contundente paro general de la CGT, pero aclaró que no los iba a recibir.
En la democracia fraudulenta donde los tres poderes de la república de Platón no se respetan, termina de estallar el gobierno de los “inmaculados”, gerentes de empresas, que son parte de la más grande de las burocracias políticas en la historia argentina, donde nunca hubo un presidente con tantos ministros, secretarios y subsecretarios.
Es decir, Macri no cumplió con nada de la campaña. Nos mintió.
Su palabra está devaluada más de lo que hicieron con el peso argentino.
El tema es ¿a quién le cree la sociedad? Y ¿hasta dónde está dispuesta a razonar y participar?
Volvemos al sabio Perón cuando afirmaba “esto lo arreglamos entre todos o no lo arregla nadie”.
Todos somos usted, yo, nosotros, no esperando que los medios instalen otro candidato, sino comprometiéndose a activar.
Si nos quedamos quietos, los ceócratas seguirán entregando lo que quieran, como ocurrió con el Emir de Qatar, que termina de comprar 28.000 hectáreas al lado del inglés Lewis, amigo de Macri. Y el presidente hizo que el qatarí auspicie la camiseta de Boca en el nuevo torneo.
Estalló Globolandia. El gobierno de las mentiras, las promesas y el endeudamiento. No son mejores que los que se fueron. Son peores, tienen su plata en el exterior y nos endeudan a los que vivimos aquí, por 100 años.






